viernes, enero 13

Poca precisión


No me conocen; crecimos juntas en el mismo lugar, venimos del mismo cuerpo, pero en definitiva no saben quién soy. No saben que araño las paredes para hacer un enorme hoyo en donde me pueda esconder de sus algarabías y justificaciones. No saben que vivo cuestionándome de quien soy como suma estrategia para ser siempre mejor.  No saben que amo la buena literatura y que adoro escuchar los debates políticos de mis grandes y futuros colegas.

Tal vez sepan mi nombre completo porque simplemente compartimos los dos apellidos, pero no saben cómo alucino por haberme llamado “Anastasia” o una designación de esas encantadas de la gran realeza de los cuentos infantiles... los cuales empecé a leer hasta hace poco porque no tuve quien me los contara. Tal vez alguien alguna vez lo hizo, pero olvido enseñarme el enorme valor de las letras siendo el pasaporte de los sueños, la libertad y la rebeldía.  

Saben que soy una persona irreverente con un vocabulario sucio e indiferente, pero no saben que todos los días guardo un montonón de palabras nuevas que descubro a través de las lecturas con las que me cruzo en mi ejercicio de exploradora. Saben de mis pecados y han tenido el descaro de ponerlos a la luz pública sin medir el dolor que pudieran causar a quien por casualidad las tres amamos. Lo que no saben, es lo grande que me he hecho gracias a esas acusaciones… Además no saben de toda la información que mi cabeza guarda para que al momento de tomar nuevas decisiones tenga la habilidad de medirme, porque como pocas o tal vez muchas, ya experimente el dolor y ya he caído muy bajo… creó que más bajo de lo que ustedes creen, pero pienso que he vivido tan poco que por eso me someto a la hermosa oportunidad de seguir equivocándome.

Tal vez saben de mis imprudencias, de mis faltas con el mundo entero, de mis mentiras, de miles y miles actos que las hace sentirse avergonzadas de quien soy, lo que no saben es que también me he desilusionado de ser parte de eso, pero no por los horrores que he cometido, sino por haber tenido que vivirlo para aprender. Después de todo asumo lo importante que ha sido tanta desfachatez para construir conocimiento y para estar un paso adelante de todos, asumiendo la inteligencia no por virtud innata sino como una habilidad construida con los pasos que he dado disfrutando del sol y del  viento, sin mencionar los tantos que me faltan por dar...

Saben mucho de mí, más de lo que saben quienes me leen. Presumen de mucha información y eso las hace grandes para hacer de esa inquisición una estrategia concluyente y definitiva. Pero no saben de mi posición; de lo orgullosa que me siento de que sean parte de mí  y de los buenos deseos que les profeso para que los proyectos sigan en crecimiento con cada conclusión que hacen de ellos. Pero no se equivoquen, ustedes no son mi punto de partida o de “arranque”, tampoco son mi espejo… suficiente con mi propio ejemplo de fracaso y lucha (par de palabras que no se me despegan, creo que ya son como órganos vitales para mi existencia).

Que sepan de mi no quiere decir que me conozcan. No obstante, agradezco cada acto de gracia y preocupación, pero si juzgan mi recorrido quisiera que tomaran las zapatillas con las que ando, tal vez eso les quita la oportunidad de "saber tanto" pero les regala un poco de ese lindo deseo de conocerme. Probablemente me ayudarían con el objetivo de saber finalmente, quien soy!   


Adiós...


El único hombre que he amado con honestidad lo visite este fin de semana. Su imagen ahora es una lapida incrustada en la tierra. No se que me dolió más; si recordar que hace ya un año y seis meses se fue o ver resumida su vida en unos cuantos centímetros de tierra en donde a pesar de tanto buscar, no conseguí ver una vez más y después de tanto tiempo, sus ojos azules...

Como extraño esos ojos color cielo, ese aroma a arte y esas manos fuertes, arrugadas y delicadas que tanto me consintieron, esa voz precisa pero melodiosa que no necesitaba gritar para hacernos entender lo que quería. Era un hombre con sabiduría; nunca necesito levantar la mano con dureza para corregir y con todo un porte de caballero que se veía reflejado no solo en su forma de vestir sino también en su talante para conversar sin la necesidad de mencionar, ni por error, una mala palabra.

El dolor se hace presente y como lastima recordar su ausencia pero aún más sentirla, acordando que las personas en algún momento se tienen que ir, o se las llevan, o se alejan, o las alejan... O las alejo! Su muerte frustro mi capacidad para relacionarme, involucrarme, reconciliarme, perdonarme y para sentir. Como si en su tumba también se hubiese enterrado mi tonelaje para amar.

Su partida arranco de mi alama la paz y la tranquilidad. La misma soledad en la que él vivía empecé a sentirla, aunque no dejo imaginar esa esplendidez y alegría de su rostro en el momento en el que se reencontró con el amor de su vida y un par de hijos que en el cielo lo esperaban tiempo atrás (si es que ese mito del cielo realmente existe). Pensar en eso me da cierta calma al creer que con él todo esta bien. tal vez porque en vida ya estaba padeciendo las consecuencias de las malas decisiones que durante su recorrido tomo; seguramente con ingenuidad.

A ese hombre solo tengo una cosa que reprocharle, y es el hecho de que me haya dejado sin su compañía ese maldito día en el que irresponsable mente se alcoholizó, probablemente desesperado por la falta de dinero (mal que padecemos constantemente en un país como este) y sin bastarle esa idiotez decide pasar la carretera sin ninguna precaución. Que triste forma de morir cuando nuestros planes era cuidarlo hasta el día en el que con bastón tuviese que caminar. Con eso soñábamos; verlo morir acostado en una cama, tranquilo, sin preocupaciones y pensando en que todo lo que debía hacer en esta dimensión finalmente estaba resuelto.

¡ Adiós! te dije en ese entonces, ese mismo adiós que repito diariamente cuando abro los ojos y en lo primero que pienso es en ti despidiéndome como si allí estuvieras. Lo mejor de todo es que durante el día no dejo de sentirte porque se que eres mi fiel escudero y el primer espectador de mis ocurrencias, de mis pecados, de lo que escribo, de mis errores, de mis maltratos y hasta de mis malas intenciones. Ves que nunca te olvido y ahora quienes me lean sabrán que siempre has existido.  


¡Adiós!

jueves, enero 12

Carta de continuidad


Te escribo en esta oportunidad para ver si te sobrepones de las ofuscaciones y finalmente te atreves a dar la cara. ¿Quién dijo que luego de llevarme a la cama tenías que salir huyendo como si de un roedor se tratara? Me pregunto, si tal vez, te sentiste acosado, como si mi boca hubiese mencionado la palabra “amor”… Pero tranquilo, tú conmigo no tienes que fanfarronear, no me interesa saber de tus conquistas, ni tienes que camuflar tus capitulaciones porque creo que nuestro interés se mide en una superficie y estando juntos en posición horizontal. Si, allí en donde quedó enredado entre sabanas el interés que me profesabas al principio.

Que tus expectativas se hayan esfumado no se remonta a mis obligaciones, aunque sé que soy tu verdugo desde el mismo momento en el que me puse a dar pasos agigantados en medio de tantas banalidades. No obstante, desde entonces comprendo que nada tiene un orden, que si quiero puedo empezar todo al revés, o al derecho, o como sea según manden mis ambiciones.

Me convertí en tu aliada desde el instante en el que me arrinconaste con tus presiones excitantes, con tus vanas justificaciones para besarme, tocarme, abrazarme como si estuvieras falto de cariño, falto de sexo, o como sea. Esa astuta manía para seducir como si me estuvieras retando, hizo de las suyas una vez más y empezaste a hacer uso de mí como si fuera una marioneta para satisfacer. Entonces, ¿por qué no me dejaste ahogar? por qué actuabas como salva vidas con esas palabras dulces que hasta me dejaron empalagada aún mostrándome desde siempre renuente a alguna posibilidad de solidez de esos encuentros.

Con todo esto no pretendo escuchar explicaciones, ni mucho menos hacer un proceso reflexivo para que algún día llegues hacer un superhombre, ni mucho menos infalible. No. En realidad lo que intento es darle continuidad al primer capítulo en donde me mostraba satisfecha pero perdida en una dimensión que  solo tú le dabas manejo, como si mis fuerzas se hicieran sublimes ante esa fragancia que me hacía perder el control, el norte, las expectativas, las necesidades… la conciencia… Y entonces, por qué no seguimos jugando y actuamos como si la piel nos esgrimiera, como si el secreto de las miradas fuese un enorme imán, como si tener sexo fuera todo un misterio que solo tú y yo, ya teníamos resuelto.

Las diferencias no son problema, se que ninguna será tan traumática como para no superarla. La idea no es cerrar caminos ni oportunidades; por el contrario; extenderlas y hacerlas infinitas, ser la trampa del otro, o el amuleto, o el secreto… eso que nos haga sonreír, liberar, volar, imaginar pero sin concluir nada, absolutamente nada.
Contigo no pretendo implicarme. No lo voy hacer, pero si podría prometer un par de cosas; como el no enojarme con retroactividad solo si tú me aseguras no molestarte por anticipado como ya sucedió, además yo no me quiero preocupar por los problemas sin solución, ni por los conflictos faltos de comunicación.  


Es posible que luego de que leas estas líneas decidas pasar una noche más a mi lado y en ella resuelvas quedarte o tal vez irte y para siempre, pero si esa es tu decisión, no te fugues sin despedirte, no te retires caminando en puntillas; ten la rectitud de marcharte andando con la misma endereza que cuando entraste exhibiendo las ganas de ingresar a mi vida, o a mi cuerpo…Total, ya ni sé que era lo qué querías, pero si te vas; lárgate pero no te olvides de decir adiós para poder empezar a poner puntos finales a ciertos capítulos de aventura que ya se escribieron.