Te escribo en esta oportunidad para ver si te sobrepones de las ofuscaciones y finalmente te atreves a dar la cara. ¿Quién dijo que luego de llevarme a la cama tenías que salir huyendo como si de un roedor se tratara? Me pregunto, si tal vez, te sentiste acosado, como si mi boca hubiese mencionado la palabra “amor”… Pero tranquilo, tú conmigo no tienes que fanfarronear, no me interesa saber de tus conquistas, ni tienes que camuflar tus capitulaciones porque creo que nuestro interés se mide en una superficie y estando juntos en posición horizontal. Si, allí en donde quedó enredado entre sabanas el interés que me profesabas al principio.
Que tus expectativas se hayan esfumado no se remonta a mis obligaciones, aunque sé que soy tu verdugo desde el mismo momento en el que me puse a dar pasos agigantados en medio de tantas banalidades. No obstante, desde entonces comprendo que nada tiene un orden, que si quiero puedo empezar todo al revés, o al derecho, o como sea según manden mis ambiciones.
Me convertí en tu aliada desde el instante en el que me arrinconaste con tus presiones excitantes, con tus vanas justificaciones para besarme, tocarme, abrazarme como si estuvieras falto de cariño, falto de sexo, o como sea. Esa astuta manía para seducir como si me estuvieras retando, hizo de las suyas una vez más y empezaste a hacer uso de mí como si fuera una marioneta para satisfacer. Entonces, ¿por qué no me dejaste ahogar? por qué actuabas como salva vidas con esas palabras dulces que hasta me dejaron empalagada aún mostrándome desde siempre renuente a alguna posibilidad de solidez de esos encuentros.
Con todo esto no pretendo escuchar explicaciones, ni mucho menos hacer un proceso reflexivo para que algún día llegues hacer un superhombre, ni mucho menos infalible. No. En realidad lo que intento es darle continuidad al primer capítulo en donde me mostraba satisfecha pero perdida en una dimensión que solo tú le dabas manejo, como si mis fuerzas se hicieran sublimes ante esa fragancia que me hacía perder el control, el norte, las expectativas, las necesidades… la conciencia… Y entonces, por qué no seguimos jugando y actuamos como si la piel nos esgrimiera, como si el secreto de las miradas fuese un enorme imán, como si tener sexo fuera todo un misterio que solo tú y yo, ya teníamos resuelto.
Las diferencias no son problema, se que ninguna será tan traumática como para no superarla. La idea no es cerrar caminos ni oportunidades; por el contrario; extenderlas y hacerlas infinitas, ser la trampa del otro, o el amuleto, o el secreto… eso que nos haga sonreír, liberar, volar, imaginar pero sin concluir nada, absolutamente nada.
Contigo no pretendo implicarme. No lo voy hacer, pero si podría prometer un par de cosas; como el no enojarme con retroactividad solo si tú me aseguras no molestarte por anticipado como ya sucedió, además yo no me quiero preocupar por los problemas sin solución, ni por los conflictos faltos de comunicación.
Es posible que luego de que leas estas líneas decidas pasar una noche más a mi lado y en ella resuelvas quedarte o tal vez irte y para siempre, pero si esa es tu decisión, no te fugues sin despedirte, no te retires caminando en puntillas; ten la rectitud de marcharte andando con la misma endereza que cuando entraste exhibiendo las ganas de ingresar a mi vida, o a mi cuerpo…Total, ya ni sé que era lo qué querías, pero si te vas; lárgate pero no te olvides de decir adiós para poder empezar a poner puntos finales a ciertos capítulos de aventura que ya se escribieron.

No hay comentarios:
Publicar un comentario